Casi un tercio de los asalariados ha trabajado en entornos con violencia laboral

El 30,7% de las personas asalariadas en España ha trabajado en entornos en los que se producen situaciones de violencia laboral, bien por haberlas sufrido directamente o por haber sido testigo de ellas. Así lo señala el informe Violencia laboral en España, elaborado por la Fundación 1º de Mayo de Comisiones Obreras, que advierte de que este fenómeno continúa ampliamente invisibilizado.
La investigación indica que el 16,7% de los trabajadores ha experimentado personalmente alguna forma de violencia vinculada a su actividad profesional. La incidencia es mayor entre las mujeres, con un 18,3%, frente al 14,8% registrado entre los hombres. También destaca la exposición de la población joven, ya que el 26,7% de las personas de entre 18 y 24 años ha identificado estas situaciones durante sus primeras experiencias laborales.
El estudio entiende la violencia laboral como un fenómeno que no se limita a las agresiones físicas. También incluye amenazas, abusos, coacciones, intimidaciones y comportamientos que, de manera intencionada o por sus efectos, perjudican la salud de la persona afectada. Para identificarla, el informe presta atención a factores como la distribución de las tareas, las exigencias contradictorias, la falta de apoyo de los superiores o una planificación deficiente del trabajo.
Los sectores con mayor exposición son aquellos que requieren una relación continua con otras personas y una elevada carga emocional. La sanidad y la atención social encabezan la clasificación, con un 39% de trabajadores en entornos violentos. Les siguen el comercio minorista y la hostelería, con un 38%, y la educación, con un 36,2%.
Las consecuencias sobre la salud son especialmente relevantes. El 93,5% de las personas expuestas declara que estas experiencias han perjudicado su bienestar mental. En seis de cada diez casos, el deterioro se considera grave. Además, el 64,3% de las víctimas afirma que su continuidad laboral se ha visto seriamente afectada y que ha llegado a plantearse abandonar su puesto.
Pese al alcance del problema, una parte importante de los episodios no recibe una respuesta formal. El 56,3% de los casos queda sin expediente disciplinario y en el 46,3% ni siquiera se produce una amonestación verbal o escrita. El desconocimiento también dificulta la denuncia. El 27,9% de las víctimas no informó de lo ocurrido porque no sabía qué procedimiento debía seguir, mientras que el 39,5% de las personas afectadas o testigos no comunicó los hechos a los responsables correspondientes.
La investigación también detecta carencias en la prevención. El 47% de las personas consultadas asegura que su empresa no dispone de un protocolo frente al acoso sexual, a pesar de que este instrumento es obligatorio. Las mujeres presentan, además, una exposición específica, ya que el 30,4% de las trabajadoras que desarrollan su actividad en entornos violentos identifica episodios de violencia sexual.
La Fundación 1º de Mayo reclama que la violencia laboral se aborde como un problema relacionado con la organización del trabajo y no únicamente como un conflicto entre individuos. Entre sus propuestas figuran reforzar la prevención, incluir estos riesgos en las políticas de salud laboral y mejorar los mecanismos de denuncia, protección y sanción dentro de las empresas.

