Crece el acoso escolar digital entre menores con el uso de inteligencia artificial según Fundación Mutua y ANARMadrileña

Según el VII Informe de Acoso Escolar en Centros Educativos, elaborado por Fundación Mutua Madrileña y presidida por Ignacio Garralda, el aumento del ciberbullying y el papel de la IA marcan un nuevo desafío en las aulas españolas, donde los estudiantes y docentes reconocen un fenómeno cada vez más complejo, persistente y socialmente aceptado.
El curso escolar 2024-2025 ha dejado una huella inquietante en la percepción del acoso escolar en España. La encuesta realizada por las Fundaciones Mutua Madrileña y ANAR en 163 centros educativos revela que el acoso tradicional mantiene su prevalencia, pero es el ámbito digital —y especialmente la irrupción de la inteligencia artificial (IA)— el que comienza a redibujar el mapa del bullying entre menores.
Según los datos recopilados de 8.781 alumnos y 355 profesores, un 12,3% del alumnado declara conocer un caso de acoso escolar o ciberbullying en su clase. Este porcentaje ha crecido respecto al curso anterior, donde se situaba en un 9,4%. Lo alarmante no es solo el incremento, sino el tipo de acoso que explica el salto: el ciberbullying se ha duplicado respecto al periodo anterior y, por primera vez, se detecta un uso significativo de la inteligencia artificial para ejercerlo.
La inteligencia artificial irrumpe en el acoso entre menores
Uno de los hallazgos más novedosos del informe es el uso de IA en un 14,2% de los casos de ciberacoso detectados. Principalmente se emplea para crear vídeos falsos manipulando imágenes, audios o suplantando la identidad de otros compañeros. Estas prácticas se difunden, en su mayoría, a través de plataformas como WhatsApp, TikTok, Instagram y videojuegos online.
Esta forma de agresión digital es más frecuente entre chicos (29,4%) que entre chicas (21,3%) y se concentra en la etapa de secundaria. La tendencia alerta sobre una normalización tecnológica del acoso que evoluciona más rápido que los mecanismos escolares y familiares para detectarlo o prevenirlo.
Víctimas invisibles en una red de silencio
Los datos recogidos no solo evidencian el crecimiento del fenómeno, sino también su persistencia. El 28,2% de las víctimas de acoso presencial y el 15,8% de las de ciberbullying sufren estas situaciones desde hace más de un año. Además, el informe señala que en muchos casos el acoso recae sobre una única persona, y que una proporción importante del alumnado sigue sin intervenir cuando presencia estas conductas.
El 47,9% de los alumnos no actúan ante un caso de acoso, pese a considerarse conscientes del mismo. Esta inacción también es visible en el ámbito docente: un 35,1% de los estudiantes cree que sus profesores no hacen nada ante estas situaciones. Aunque la mayoría del profesorado afirma intervenir, también reconocen limitaciones claras, como la falta de recursos (88,9%), burocracia excesiva (65,2%) y carencia de formación especializada (51,8%).
Cuando la tecnología no es aliada
Aunque muchas campañas institucionales promueven el uso responsable de las redes, los datos muestran que los entornos digitales son el nuevo campo de batalla del bullying escolar. En primaria predominan los videojuegos y TikTok como canales de acoso; en secundaria, los reyes son WhatsApp e Instagram. Los insultos y burlas continúan siendo la forma más común de agresión (84,8%), pero ha aumentado notablemente el uso de golpes y patadas (+8,7 puntos respecto al año anterior), lo que sugiere una convivencia preocupante entre violencia física y digital.
Además, la percepción del alumnado tras los talleres de prevención indica que existe una mayor conciencia del daño que provoca el acoso, no solo sobre la víctima, sino también sobre el grupo. El 94,8% señala que el bullying afecta también al resto de la clase, a los observadores y al profesorado.
Talleres útiles, pero insuficientes
La iniciativa de las Fundaciones ANAR e Ignacio Garralda de Mutua Madrileña, que desde 2016 han impartido talleres en colegios e institutos para sensibilizar y formar sobre el acoso escolar, ha sido bien valorada por el alumnado (93,6%) y el profesorado (96%). Estos talleres han demostrado ser eficaces para cambiar actitudes: aumentó el porcentaje de alumnos que entienden que reenviar un vídeo ofensivo los convierte en cómplices, y que pedir ayuda a un adulto no agrava la situación.
Sin embargo, el informe advierte que el crecimiento del ciberacoso y el uso de tecnologías avanzadas requieren más que sensibilización: se necesita formación digital específica, mecanismos de intervención ágiles y una actualización constante de protocolos.
Profesores preocupados, centros desbordados
El profesorado percibe que la respuesta institucional al acoso escolar es insuficiente: un 64,5% opina que los centros solo intervienen “a veces”. Además, ha disminuido el número de docentes que declara conocer casos de acoso (15%, frente al 20,9% del año anterior), lo que podría indicar una invisibilización del fenómeno más que una mejora real.
Los profesionales educativos identifican como causas principales del acoso la presión del grupo de iguales, el mal uso de las tecnologías, la falta de respeto a las diferencias y la normalización de la violencia. También destacan como elementos de prevención la educación en valores, la observación activa del alumnado y la implicación familiar.
El reto: prevenir un acoso que se adapta
El informe 2025 no solo describe la situación actual, sino que evidencia una evolución del acoso escolar hacia formas más sofisticadas, anónimas y difíciles de controlar. La irrupción de la inteligencia artificial, usada de forma perjudicial por menores, impone nuevos desafíos a las políticas educativas, sociales y familiares.
La detección temprana, la educación digital crítica y la colaboración entre instituciones educativas, tecnológicas y sociales será clave para contener una problemática que ya no se limita al patio del colegio.

